Por suerte para mí los días corrientes son casi siempre días con instantes mágicos. Cuando trabajas con y para las personas es fácil que así sea.
El pasado 3 de Diciembre ha sido el día de la Discapacidad. Un día para reinvidicar aspectos como la igualdad de oportunidades, el derecho a la dignidad y la visibilidad, entre otros.
Y en un día corriente como hoy, como el día tres, como cualquier otro, las personas con discapacidad me despiertan admiración, humildad y respeto. Siempre aprendizaje.
Hoy hemos preguntado al sufrimiento y nos ha respondido. Siempre tiene algo que decir. Lo hemos hecho a través de una carta, por escrito, a través de palabras, de dibujos, de suspiros, de lágrimas y de la respiración. Y cuando una se acerca tanto a lo profundo del otro, es preciso mostrarse desde lo profundo también, con respeto, sosteniendo, pero dejando el espacio para que la otra persona pueda posicionarse.
Es como un baile con los ojos cerrados, donde es necesario sentir más allá de las palabras, de lo que se ve. Y entonces el corazón se despierta y se abre a lo vulnerable que también hay en mí, en mis limitaciones y en mi propia correspondencia con el sufrimiento.
Y no hay barreras, no hay discapacidad, ni hay límites que compriman, sólo comprensión, sincronía... Es especial conectar con el otro más allá de toda concepción de las etiquetas, trascendiendo los roles, sabiéndonos solo seres que sufren y coinciden en un contexto concreto de acompañamiento, de escucha, de compasión.
Así que diría que sí, el sufrimiento en cualquiera de sus formas es un gran maestro y la compasión es para mí el mayor de los aprendizajes. Comprender el sufrimiento del otro, acompañarlo y actuar para aliviarlo es algo que nos une y nos permite aceptarnos en nuestra propia vulnerabilidad. De aportar más amor, comprensión y cariño a mi vida, hacia mi misma y hacia el resto de seres.
Una forma de regar las flores, esas semillas de bondad, comprensión y amor que hay en cada uno de nosotros es practicar Metta. Despertando la bondad amorosa en nuestro interior podremos hablar y actuar desde el amor y la comprensión. Podremos generar más amor y comprensión a nuestro alrededor, o al menos no estaremos regando las semillas de la ira y el miedo en nosotros mismos y en los demás.
Os comparto unas líneas para poder practicar: hacia uno/a mismo/a, hacia un ser querido, hacia un ser neutral, hacia alguien difícil, hacia todos los seres...
Conecta de la mejor manera que puedas con esa intención, con ese deseo profundo.
Metta Meditación de la bondad amorosa "Que todos los seres sean felices, que todos los seres se liberen del sufrimiento, que nadie sea desposeído de su felicidad, que todos los seres logren ecuanimidad, libres de odio y de apego."
Comparto un texto del maestro Thich Nhat Hanh, que nos guía hacia la comprensión y amor hacia nosotros mismos y las demás personas a través de la aceptación y compasión de nuestros ancestros. Una meditación maravillosa que puede invitar a la liberación de cargas emocionales, cultivando el perdón y la compasión.
Para aceptar sinceramente a los demás tal como son, debemos empezar por nosotros mismos. Si no nos aceptamos tal cual somos, jamás podremos aceptar a los demás. Cuando me miro, veo cosas admirables y hasta extraordinarias, pero también sé que hay en mí aspectos negativos. El primer paso, pues, consiste en reconocerme y aceptarme tal cual soy.
Inspira y espira, visualizando a tus ancestros y, viendo sus aspectos positivos y negativos, acéptalos sin vacilar.
Ustedes están en mí, queridos ancestros, con todas sus fortalezas y con todas sus debilidades. Veo en ustedes semillas positivas y semillas negativas. Veo que han sido afortunados y que en ustedes se regaron semillas positivas como la amabilidad, la compasión y la valentía. Y también veo que, si no hubieran sido afortunados y se hubieran regado en ustedes semillas negativas como el miedo, el orgullo y los celos, las semillas positivas no hubiesen tenido la oportunidad de crecer.
Que las semillas positivas de una persona se vean regadas en vida se debe, en parte, al azar y, en parte al esfuerzo. Las circunstancias de nuestra vida pueden ayudarnos a regar las semillas de la paciencia, la generosidad, la compasión y el amor. Las personas que nos rodean pueden ayudarnos a regar esas semillas y lo mismo hace también la práctica de la plena conciencia. Pero si una persona crece en tiempo de guerra y en el seno de una familia y de una comunidad oprimidas, puede estar llena de desesperación y miedo. Los padres que sufren mucho y tienen miedo al mundo y a los demás riegan en sus hijos las semillas del miedo y de la ira. Los niños que, por el contrario, crecen envueltos en un clima de seguridad y amor fortalecen, en su interior, las semillas positivas.
Si puedes mirar de este modo a tus ancestros, te darás cuenta de que eran seres humanos que sufrieron y trataron de hacer las cosas lo mejor que supieron. Esta comprensión borra todo rechazo y toda ira. Aceptar a tus ancestros, con todas sus fortalezas y todas sus debilidades, te ayudará a estar más en paz y a tener menos miedo. También puedes considerar ancestros, por haber nacido antes que tú, a tus hermanas y hermanos mayores. También ellos tienen, como nosotros, fortalezas y debilidades.
Hacer las paces con tus ancestros requiere cierta práctica, pero si quieres acabar con el miedo, es importante que aprendas a reconciliarte antes con ellos. Y esto es algo que puede hacer en cualquier lugar, ante un altar, un árbol, una montaña o en la ciudad. Lo único que necesitas es visualizar la presencia, en tu interior, de todos tus ancestros. Tú eres su continuación y solo puedes estar completamente presente cuando haces las paces con ellos.
Os dejo un par de enlaces sobre esta práctica explicada por el maestro:
Viniste a verme, a contarme del soltar, del desapego, de la ausencia del dolor...de la libertad.
Me costaba creer y me resistí ¿cómo?, ¿dónde me iba a sostener?
Entonces solté, solté lágrimas, dejé salir la oscuridad del pensamiento, del deseo, del no poder, del no tocarte, del no abrazo y del no escuchar tu risa...
Y es así como pude sentirte y sentir: la libertad de tus palabras en la ligereza de nuestro vuelo, el calor del sol tumbados en la arena, el vibrar de tu risa, el salpicar del agua salada volando al ras del mar, tu abrazo...tu luz!
Y comprendí, desde el sentir, que nuestra vulnerabilidad nos hace uno y en nuestro desapego está nuestra libertad de ser libres, de ser todo, de ser nada.
Y los cuerpos se funden en un sin fin de mariposas que no conocen de limites, el ser sólo uno, el vibrar de tu risa siempre en mí. Y sostener me parece ahora algo tan ligero como una sonrisa.
Al abrir los ojos un poco más de tu luz en mí y paz en mi corazón...el mundo un poco más fácil en este sin ti contigo.
¿Puede la atención plena acompañarnos en nuestra reconstrucción de la perdida? ¿Reduciría intensidad del sufrimiento, nos aportaría calma?
La respuesta es sí. La práctica de la plena conciencia y la compasión son excelentes compañeros de viaje en el proceso de duelo.
Hace tiempo que escribo sobre la experiencia del dolor físico y el sufrimiento, un texto aún en borrador. Pero hoy arremete un dolor emocional tan fuerte que acalla cualquier otro tipo de dolor: el dolor de la pérdida de un ser querido.
En cualquier caso estaría hablando un poco de los dos ya que el cerebro no distingue entre dolor fisico y emocional: «Los dolores causados por motivos sociales –como un desamor– o los placeres de igual naturaleza –como aprobar una oposición– activan idénticos circuitos cerebrales que los estímulos fisiológicos, básicos para sobrevivir, como la práctica del sexo.»
La práctica de la atención plena a través de la meditación, el yoga o cualquier otra forma que nos sirva para estar presentes, facilita este proceso de reconstruir la historia de vida cuando alguien deja de estar físicamente a nuestro lado, con sus células, sus huesos, sus órganos, su piel...
Lo mas difícil de todo es soltar, el desapego. Cuando la persona a la que se intenta retener hace tiempo que se liberó de su carga física, es importante dar con esa fórmula que nos sirva para sentir esos abrazos o esa sonrisa lejos del mundo físico, en conclusión, sentirnos reconfortados y encontrar paz.
En general, ese vivir mindful nos permite conectar con la aceptación de lo que es. Un proverbio Zen dice:
“Si entiendes, las cosas son así. Si no entiendes, las cosas son así.”
Cuando se vive una pérdida se pasa por diferentes fases, que a grandes rasgos recogen, en primer lugar, la evitación o negación de la misma. Esa incredulidad que surge de que no está pasando o que, simplemente, es un mal sueño del que despertaremos. Luego sigue una etapa de acomodación o comprensión de la perdida como algo real, aquí surgen diferentes emociones de culpa, enfado, tristeza o frustración...es un proceso largo que requiere de tiempo, autodescubrimiento y apoyo social. Y en último lugar está la asimilación o reconstrucción de nuestra identidad con la aceptación de esa pérdida como parte del proceso vital.
Pues bien, todo esto en realidad pasa en un continuo y se entremezcla, a veces unas emociones son más intensas que otras pero no hay un principio y un fin exacto al que aferrarnos. Así que lo vivimos como algo natural, no patológico.
Pero, volviendo a lo que decía, mindfulness facilita este proceso.
No se trata de hacer o no hacer ciertas prácticas sino de un modo de ser, de vivir la experiencia a través de ese prisma que conlleva aceptación y compasión. Compasión hacia la persona fallecida, hacia los seres queridos, hacia uno mismo o hacia la propia situación.
Cuando la situación que rodea a la muerte ha sido violenta (a falta de una palabra mejor), esta forma de vivir el mundo y a los seres que lo habitan hacen que una se sienta más reconfortada. La aceptación, la compasión y el no juicio nos abrazan de tal forma que podemos conectar (a pesar de todo el dolor, la incomprensión y la tristeza), con el amor. Con esa fuente de amor que nos nutre y nos une a todos los seres.
Como dice nuestro querido Thich Nhat Hanh:
«La plena conciencia es como la mamá que acoge al bebé. Cuando la madre toma al bebé con ternura, el bebé sufre menos. Si sabemos como acoger ese sufrimiento después de la práctica de la plena conciencia del sufrimiento, sufriremos menos.»
Otro aspecto que nos reconforta cuando se siente la vida de esta forma y que tiene que ver con el desapego, es la impermanencia de las cosas. Nada es eterno, todo cambia y tanto la vida como la muerte son parte de un mismo ciclo.
En este sentido aceptar el propio ciclo de nutrición que lleva nacer y morir, como la noche sigue al dia y al revés, nos permite soltar y poder conectar con el momento presente.
«La muerte es una ilusión»
¿CÓMO LO HAGO?
Ecuentra un espacio donde estar contigo mismo y con tu dolor.
Respira, observa y siente como se va transformando con cada aliento.
Observa el ciclo de la respiración: sigue con tu atención la inspiración desde su comienzo hasta su final. Observa la pausa antes de iniciar la siguiente espiración y repite otra vez focalizándote en la exhalación. Date cuenta de la pausa antes de la siguiente inspiración y comienza de nuevo.
Aceta lo que aparezca sin juzgar y abraza ese sufrimiento, arropándolo, acunándolo con cariño hasta que se calme.
Puedes probar a hacer esta práctica en compañia, a veces las otraspersonas con su presencia pueden ser el sostén en momentos difíciles.
Recuerda que «el mejor regalo que podemos ofrecer a las demás personas es nuestra presencia».
Playa «El Madero», Liencres. Foto: J. Arias.
Hay una historia de Thay que a mi me resulta un buen marco para respirar la impermanencia y, por qué no, un buen refugio cuando me envuelve el dolor de la pérdida como si mente y corazón pudieran calmarse mutuamente y encontrar algo de paz en medio de la tormenta. Espero que la disfrutéis tanto como yo:
«Una tarde de otoño me encontraba en un parque, absorto en la contemplación de una hoja muy pequeña y bonita en forma de corazón. Su color era rojizo y casi colgaba de una rama, de la cual parecía que estuviese a punto de caer. Estuve mucho tiempo con ella y le hice muchas preguntas. Supe que la hoja había sido la madre del árbol. Normalmente, pensamos que el árbol es la madre y que las hojas son los hijos, pero al mirar la hoja vi que también era madre del árbol. La savia que toman las raíces no es más que agua y minerales, que son insuficientes para nutrir al árbol, de manera que éste distribuye la savia a las hojas. Estas se encargan de transformar esta savia rudimentaria en savia elaborada y, con ayuda del sol y del gas, enviarla de vuelta para nutrir al árbol. Además, como la hoja se une al árbol por un tallo, es fácil ver la comunicación entre ambos.
Le pregunté a la hoja si tenía miedo porque el otoño había llegado y las otras hojas empezaban a caer. La hoja me dijo: "No, no tengo miedo. Durante toda la primavera y el verano estuve muy viva. Trabajé y ayudé a nutrir al árbol y gran parte de mí misma se encuentra en este árbol. Por favor, no digas que sólo soy esta pequeña forma, porque la forma de hoja es sólo una pequeña parte de mí. Soy todo el árbol. Sé que estoy en el árbol y que, cuando vuelva a la tierra, continuaré nutriendo al árbol. Es por eso por lo que no me preocupa. Cuando deje esta rama y surque el aire hasta la tierra, saludaré al árbol y le diré "hasta pronto".»
Y entonces, no hará falta decir adiós, sólo un «hasta pronto»... gracias por haberme nutrido durante toda mi vida y por seguir haciéndolo después de abandonar tu forma.
Regalo de Lara.
¿Qué leer? Puedes descargarlo pinchando en el enlace.
"Si pretendemos expulsar todo lo indeseable, puede que estemos expulsando la mayor parte de nosotros mism@s"
(Thich Nhat Hnah)
Una de las cosas que más le gusta a nuestra cultura es el control. Controlar va implícito en la mayoría de las acciones que emprendemos, el control sobre los demás y sobre nosotros o nosotras mismas. Los anuncios están plagados de mensajes que imponen el control sobre el entorno, las máquinas, la acciones de los demás o de nuestro propio cuerpo.
Este tipo de comportamiento y actitudes nos alejan de la aceptación y la compasión por los que somos.
Una de las prácticas que realizamos en el taller de "Mindfulness y emociones" es "Acunar las emociones".
Mirar con profundidad
Thich Nhat Hanh nos invita a tratar a nuestras emociones como una madre trata a su bebé cuando llora o un hermano mayor a su hermano pequeño que sufre. Es una relación que no conlleva ningún control sino que nos lleva hacia la aceptación de lo que hay en el otro y a transmitirle nuestro amor, sin ningún fin más que acompañarle en su sufrimiento.
Así es como podemos tratar a nuestras emociones, como si fuera ese bebe que sufre y nuestra misión es acogerle y envolverle con nuestro afecto.
Cocinando nuestras patatas es otras de las metáforas que Thay utiliza para facilitarnos la comprensión de esta práctica. Cuando queremos comer patatas necesitamos cocinarlas primero, ¿cuánto tiempo? el necesario para que puedan ser digeridas por nuestro aparato digestivo. Las ponemos al fuego y las tapamos para que se vayan cociendo a su ritmo. En este caso nuestra emoción desagradable sería las patatas, la conciencia el fuego y la tapadera nuestra concentración.
De esta manera la próxima vez que estés envuelto o envuelta en ira, practica la plena conciencia durante el tiempo suficiente hasta que la ira se transforme a sí misma.
A continuación os paso la meditación que practicamos en el taller para facilitar la compasión hacia uno mismo y hacia los demás. Es una adaptacion que recoge parte de la meditación de las emociones de Vicente Simón y las pautas que Thich Nhat Hanh da para Transformar los Sentimientos en Hacia La paz Interior (p. 67)
Acunar las emociones
1. Postura y atención al cuerpo
Adopta una postura cómoda y suelta las tensiones del cuerpo.
Tomamos conciencia de donde estamos y nos damos cuenta de nuestro cuerpo.
Con suavidad llevamos la atención a la respiración y nos hacemos conscientes de la entrada y salida del aire, de la inspiración y espiración, que tienen lugar en el momento presente.
Nos identificamos con el vaivén de la respiración y dejamos ir los pensamientos y preocupaciones, como nubes en el cielo.
2. Elige una emoción para trabajar
A continuación vamos a trabajar con una emoción, elige alguna situación en la que te hayas sentido enfadado o ansioso. Recuerda la situación como si la estuviera volviendo a vivir: con quien nos hemos enfadado, que dijo, que sentiste, que hiciste…
3. Observa lo que produce esa emoción en ti
¿Qué sientes en tu cuerpo con esta emoción? ¿Opresión en el pecho, un nudo en la garganta, malestar en el vientre, nos cambia el ritmo de la respiración? Tomate un momento para observarlo.
Ahora piensa qué harías si te dejaras llevar por la emoción y que consecuencias tendría. Pueden ser ganas de gritar o pegar a alguien, salir corriendo… ¿Qué puede pasar si haces eso?
4. Acompaña la emoción con tu respiración
Ahora date cuenta de la respiración:
Inspiro y se que el enfado o la ansiedad está en mi.
Espiro y se que el enfado o la ansiedad está en mi.
Inspiro y se que la ira o la ansiedad es una emoción desagradable.
Espiro y se que la ira o la ansiedad es una emoción desagradable.
Me doy cuenta de que soy algo diferente a la emoción.
Yo tengo una emoción, pero no soy esa emoción.
5. Tratar la emoción con cariño y atención
Trato mi emoción con cariño y respeto, como una madre que sostiene en sus brazos a niño que llora, dándole todo su afecto y su cariño. La madre quiere al niño y lo cuida hasta que se le pasa el llanto.
El niño es la emoción y nosotros la madre. Cuida de tu emoción hasta que se calme, con paciencia, con cariño y comprensión.
Dedícate un rato para cuidar de tu emoción. Al mecer y tranquilizar a ese niño que sufre, estás queriéndote y tranquilizándote a ti mismo.
Cuando consideres, lleva de nuevo la atención a la respiración y vuelve a conectar poco a poco con el mundo que te rodea, agradeciéndote el haberte dedicado un tiempo para cuidarte.
Hoy comparto un programa de Redes para la Ciencia que me encanta, donde explican el funcionamiento neurológico de la meditación, la compasión y como cada uno de nosotros podemos llegar a alcanzar un estado de bienestar y una mente más clara para desenvolvernos en el laberinto emocional.
Y, lo que es más importante, enseñar a nuestros niños a ser felices a través de la educación..
"Si descubres que el amor, la compasión, cultivar la paz interna, la simplicidad del momento presente, contribuyen a la plenitud, entonces serás una persona más feliz"...
Aquí os dejo un video donde el maestro Matthieu Ricard nos habla de como construir la verdadera felicidad.
En la línea del concepto de estado de flujo, que diferencia entre los placeres y un auténtico estado de felicidad, Ricard nos explica como los primeros están condicionados al entorno y a las circunstancias como algo temporal, mientras que el segundo tiene más que ver con una forma de ser, compuesta por cualidades humanas que además se pueden cultivar y dependen de nosotros mismos, como:
- la paz interior
- la fuerza interior
- la libertad interior
- amar la bondad amorosa, la amistad, la resiliencia...
Y cuanto mas experienciamos estas cualidades, más profundas y fuertes se vuelven, aportándonos más apoyo interno para enfrentarnos a las situaciones de la vida sin importar cuales sean éstas.
Justo al contrario de lo que ocurre con los placeres, ya que el camino para mantener este tipo de gratificaciones es repetir, buscar y experimentarlos una y otra vez, incluso llegando a convertirse en un mecanismo más parecido a una adicción que a la pretendida búsqueda de la felicidad.
Así pues, tomad nota y ¡bienvenidos a la práctica de la felicidad!